Roxane Gay sobre los secretos de las mujeres difíciles

La autora feminista habla con Amy Brady sobre femineidad pública, transigencia y feminismo para Chicago Review of Books

En 2014, la revista Time escribió: «Que este sea el año de Roxane Gay». Hay muchos motivos por los cuales esto debió ser así; el más importante, que Gay publicó dos libros ese año: su debut, An untamed state, y una colección de ensayos con el provocador título de Mala feminista. En conjunto, estos libros ofrecen la mejor prosa de cualquier autor estadounidense contemporáneo. La escritura de Gay es al mismo tiempo directa, divertida, aguda, a veces dolorosa, y siempre da que pensar.

Cuando no está escribiendo, Gay es profesora asociada de Lengua Inglesa en la Universidad de Purdue, e imparte conferencias sobre raza, feminismo y cultura pop. Dos años después de su la publicación de su último libro, lanza una fantástica y esperadísima colección de relatos: Mujeres difíciles. Gay ha encontrado tiempo para hablarnos de su nuevo libro, su resolución de ser más comprensiva en 2017 y sobre escribir sobre el trauma cuando ella misma los ha sufrido. 

Has escrito una novela, relatos cortos y unas memorias, entre otras cosas. ¿Con qué tipo de escritura te identificas más?

Me considero, sobre todo, escritora de narrativa, aunque se me conoce principalmente por mis ensayos. La narrativa es mi primer amor.

Hablemos de tu última colección de relatos. Me encanta el título, Mujeres difíciles, sobre todo por el hecho de que los personajes femeninos de la colección solo son difíciles desde cierta perspectiva, habitualmente masculina. ¿De dónde sacaste el título?

Al pensar en las mujeres de esta colección, me di cuenta de que se las catalogaría de difíciles porque es un término general que se usa para definir a todas las mujeres que no se limitan a callarse y estar bonitas. Las mujeres de mis historias son complicadas y conflictivas. Se enfrentan a situaciones difíciles y toman decisiones difíciles. Me pareció que Mujeres difíciles reflejaba perfectamente el espíritu de estas historias.

Una de mis historias favoritas de Mujeres difíciles es «Agua, todo su peso», que trata de una mujer que crea lluvia allá donde vaya de forma involuntaria. No voy a revelar el final a los lectores, pero me hizo sentir muchas cosas: principalmente, esperanza y tristeza en lo que a la protagonista se refiere, y una frustrante comprensión en cuanto a los hombres de su vida. ¿Qué inspiró esta historia?

Vivía en un apartamento con el techo podrido cuando escribí esta historia, y pensé: «¿Y si alguien creara podredumbre con su mera existencia?». Me parece muy interesante que los lectores infieran algo más al leer esta historia. No suelo tener la intención de hacer grandes declaraciones cuando escribo. Este relato es simplemente la historia de una mujer a la que, literalmente, atormentan el agua y su peso.

En un ensayo para el New York Times sobre Nate Parker y su controvertida película El nacimiento de una nación, escribiste que «cuanto más mayor me hago, más comprensiva intento ser» con los demás, incluso cuando sabes que existen límites a esa comprensión (como en el caso de Parker). ¿Cómo se refleja este trabajo interno en tu escritura?

A menudo, cuando escribo no ficción, estoy abordando temas sociales y pensando sobre igualdad y representación. Cuando pienso en «el otro lado» de estos temas, mi reacción visceral es que se equivocan y que yo estoy en el lado correcto. Cuanto más envejezco y más madura me vuelvo (o al menos eso espero), más consciente soy de que los binarismos no son demasiado útiles a la hora de suscitar un cambio, así que intento tener ciertas dosis de comprensión hacia personas a las que visceralmente no quiero hacer caso. Lo intento.

En tu anterior obra, Mala feminista, hablaste sobre la increíble presión de ser una mujer de éxito público, una condición vital que describes maravillosamente como «los peligros de la femineidad pública». ¿De qué forma amplía, revisa, reafirma o afecta Mujeres difíciles a esta experiencia de la femineidad pública?

Todas las historias de esta colección son, de una forma u otra, sobre la femineidad pública y sobre cómo las mujeres tienen que lidiar con penas y dolores privados en un mundo muy público. A las mujeres rara vez se les otorga un espacio para su dolor, y creo que esta colección cuestiona este hecho hasta cierto punto.

Gran parte de tu obra describe el trauma en sus muchas facetas, incluyendo el trauma que se sufre personalmente y el heredado, ya sea por familia, por historia o por cualquier otra fuente externa. Al haber sufrido tú traumas, ¿te resulta difícil escribir sobre ello, aunque esté pasado por el filtro de la ficción?

Cuando era joven, escribir sobre el trauma tras haberlo sufrido fue una catarsis, y me ayudó a reconciliarme con mi experiencia. Ahora que soy más mayor pienso que el trauma es parte de la vida, y resultaría extraño escribir ficción que no cree un espacio para el sufrimiento. No obstante, esto no representa toda mi obra. El trauma es solo un aspecto de lo que me atrae como escritora de narrativa.

 

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