El arte como resistencia: una entrevista con Thomas B. Reverdy

Fragmento de la entrevista realizada por la librería La Galerne al autor galo, disponible en YouTube bajo el título Rencontre avec Thomas B. Reverdy

P. «Acaba de cumplir veinte años. Es una edad en la que se tiene toda la vida por delante, en la que todo está aún por hacer, en la que todo son promesas… o amenazas». Es lo que se dice de Candice, la heroína de su novela. ¿Por qué decidió hacerla vivir en aquel invierno inglés de 1978-79?

R. Todo parte de Candice. Quería hacer vivir a su personaje: tenía ganas de su energía, de su juventud, de la fuerza de su bicicleta, de su deseo de convertirse en actriz, de esa especie de ansia de vivir y de arreglárselas sola y de hacerse un hueco en el mundo. Esto no siempre es fácil. Y, como telón de fondo, quería describir la ciudad de Londres y esos años finales de la década de los 70, que son, en cierto modo, el fin de un mundo y el advenimiento de otro.

Sin duda, el Londres de los 70 eran lugar y el momento adecuados para Candice, precisamente para hacerse un lugar en un mundo en el que las cosas están cambiando y se están poniendo difíciles —un poco más violentas, un poco peores—, y donde la economía y la manera de hacer política, de tratar a los jóvenes, a  los desempleados o a los pobres, se estaba endureciendo. Se acaba la edad de oro del capitalismo. Margaret Thatcher llegará al poder. Fue un momento en el que todo se tambaleaba.

P. ¿Es primordial para usted elegir ese momento en el que todo se tambalea, esa atmósfera cambiante? ¿Constituye un desafío?

R. Es un reto, sí. A menudo he localizado mis novelas con un telón de fondo así, cambiante, ya sea un mundo en ruinas o sumido en la catástrofe. No es que tenga un gusto morboso por las catástrofes: lo que me interesa de los personajes y en las novelas en general es la cuestión de la libre elección de cada uno, de cómo se llega a trazar un recorrido y a transformar una vida en un destino, a construir un personaje mediante sus elecciones. Eso es lo interesante, porque es lo que plantea cuestiones morales y psicológicas, y también políticas. Y esta cuestión está especialmente agudizada en tiempos de crisis, en momentos de inflexión, porque, de repente, el hecho de tomar decisiones no compromete solo a los personajes, sino también a su forma de vivir en este mundo en transformación.

 P. En el libro también se vive el ascenso al poder de dos mujeres: el de Candice, que es un personaje de ficción, y el del personaje, o mejor dicho la persona real que existió, de Margaret Thatcher. ¿Cómo se le ocurrió la confrontación final?

R. No lo tenía planeado. Obviamente, Margaret Thatcher formaba parte de la historia secundaria, mientras que mi Candice está intentando ganarse la vida y cumplir su sueño de ser actriz. Estamos en el invierno de 1978-79, en un momento en que Inglaterra, poco a poco, se ve paralizada por grandes huelgas, y en el que el gobierno laborista de la época está desacreditado. La gente ya no cree en ellos. Está harta. Y ese es el momento que elige Margaret Thatcher para hacer una campaña muy hábil, muy moderna. Acude a una agencia de publicidad cuyos creativos idean una campaña bastante mordaz, y muy divertida, por cierto. Está muy bien orquestada y llega al poder. Y es verdad que es un momento inflexión en todo el mundo porque, con Reagan en los Estados Unidos y Thatcher en Inglaterra, podemos decir que es entonces cuando se gesta la globalización, la financiarización de la economía y toda la parafernalia que seguimos sufriendo en nuestros días.

En el libro se narra la llegada al poder de Margaret Thatcher, pero no es el personaje principal. Leyendo su autobiografía, me topé con datos curiosos; por ejemplo, que recibió clases de dicción. Fue entonces cuando se me ocurrió una primera escena en la que Thatcher se encuentra con Candice porque acude a su primera clase de dicción en el teatro donde la joven actriz ensaya. Y como Candice está ensayando un personaje de Shakespeare que precisamente tiene un fuerte vínculo con la conquista del poder, con la dureza, la violencia y la tiranía del poder, se me ocurrió la idea de una confrontación final.

Pero en esa confrontación final, obviamente, mi joven actriz no puede ganar, ya que la otra ya es primer ministro. Desde el punto de vista de la realidad, Candice no puede ganar, salvo si llega con sus esperanzas y sus sueños: los de una joven que quiere ser alguien, que quiere ser artista. El texto de Shakespeare, la cultura y su reflexión sobre la obra otorgan a Candice una fuerza que le permite tener toda la legitimidad frente a Thatcher. Y es muy importante para mí decir eso: que la cultura, el arte, es algo que realmente ayuda a resistir; no solo da perspectiva sobre la propia vida de uno, sino que te proporciona armas para no sufrir la violencia del poder, las humillaciones, las vejaciones…

P. ¿Se podría decir que el papel que está ensayando Candice, el papel de Ricardo III, también es una manera de que esta adquiera una conciencia política?

R. Sí, por el poso que estas van dejando en ella, aunque sea de forma confusa. Estamos en años de la música punk y de los conciertos, y Candice participa en el movimiento porque están implicados sus amigos estudiantes. Candice no tiene un compromiso político muy claro, pero se compromete; se compromete porque está comprometida con la vida, en cierta manera por generosidad…

Candice también ilustra algo que me obsesiona: la resistencia de la humanidad a todo tipo de violencias que un sistema exterior puede hacerle sufrir, ya sea una catástrofe, una crisis, un cambio de régimen o la violencia política dirigida contra los menos conformistas, los más críticos. ¿Cómo hace el ser humano para resistir? Resiste por sus amistades, sus sueños, sus amores… Y aquí las palabras de Shakespeare también sirven de ejemplo para superar esa prueba, para ilustrar esa resistencia.

 

 

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